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(cOsAsDiveRTIdAs:233333) El diccionario que define al kirchnerismo (politica)

 

Fraseo k
El diccionario que define al kirchnerismo
http://www.lanacion.com.ar/1624439
por Marcos Aguinis

Los argentinos venimos pensándonos con asombrosa intensidad. Los artículos y ensayos que se esmeran en describir conflictos, enigmas y sorpresas son copiosos. Algunos de esos trabajos deslumbran. Pretenden encontrar explicaciones de lo inexplicable. Algunos siguen insistiendo en el progreso de nuestra nación y otros en su espantosa decadencia. Pero todos contribuyen a mantenernos entretenidos. En la última década -que el oficialismo califica sin tartamudeos de "ganada"-, se han producido hechos, conductas, estigmas y contradicciones que le confieren una especial coloratura. Cada década tiene lo suyo, es verdad, pero la que ahora culmina goza de rasgos desopilantes.

Como ayuda para entenderla puede recurrirse al flamante
 libro de Pablo Mendelevich, titulado El relato kirchnerista en 200 expresiones. Se trata de un original diccionario con referencias agudas, documentadas y hasta humorísticas que pintan un fresco grandioso de esta década, a la que no hesito en proclamar como burda.

Los "aplaudidores", por ejemplo, son quienes teatralizan patéticamente la sumisión acrítica. Pocas similitudes pueden encontrarse fuera de brutales dictaduras. Estos individuos son convocados para exhibirse como una claque en las presentaciones públicas de la Presidente. Constituyen parte fundamental de la puesta -aclara el autor-, porque se presentan a la vista de todo el país, junto a la líder, pero más abajo que ella, mostrando un regocijo que les produce no estar habilitados en ese momento, ni antes ni después, a otra cosa que escucharla, aplaudirla y celebrar sus descalificaciones, chistes o reprimendas a terceros como simples marionetas. La mayoría de ellos son funcionarios públicos o personalidades de alto nivel cuidadosamente seleccionados. Horas antes, pero sin demasiada antelación, cada uno recibe un llamado de la Presidencia para informarle el lugar, salón y hora. Los potenciales participantes, incluidos empresarios, actores, banqueros, sindicalistas e invitados especiales, saben que no deben excusarse o anteponer otros compromisos, porque nada hay más importante en este tiempo de la Argentina que aplaudir a la Presidente. Su ausencia, además, puede acarrear una sanción inolvidable.

Mendelevich añade -sigo su impecable texto- que se inyecta adrenalina a cada ocasión porque rara vez los convocados conocen el motivo del acto al que van. Su misión es sentarse y aplaudir, festejar a la Presidente, hacerla sentirse una diosa. A razón de cuatro o cinco por semana (a veces son dos y hasta tres en el mismo día), los actos presidenciales se ajustan a una prolija organización, que no sólo prevé la selección de cada asistente, sino su ubicación dentro del salón. Aunque no reciben indicaciones previas de cuándo golpear las palmas, el fraseo de la oradora funciona como marcador. Cuando CFK enfatiza ciertas palabras o una cifra o porcentaje, aplica un rallentando: significa que lo que dijo merece descerrajar un aplauso intenso. Ella retomará el hilo repitiendo tres veces el comienzo de la siguiente oración, como si quisiera que el auditorio volviera a guardar silencio, pero no debe cometerse entonces el error de abreviar el aplauso en curso: la Presidente necesita superponer su voz con el aplauso porque su propio silencio la incomoda.

Si ella hace un chiste o simplemente descalifica a alguien en forma sarcástica o mordaz -ya sea un ministro o el empleado de una inmobiliaria, o incluso alguien presente-, se espera que los aplaudidores rían de buena gana. Ocasionalmente pueden sonreír con gesto aprobatorio en la parte amesetada del discurso, cuando no aplauden ni ríen, y gesticular diciendo que sí con la cabeza, pero eso exige prestar atención al contenido para evitar que la algarabía aparezca superpuesta con una frase en la que la oradora expresa solidaridad con las víctimas de una tragedia en África (con las tragedias locales no hay riesgo porque, salvo que el Estado haya sido ajeno, lo que nunca sucede, ella evita toda mención). Ya se sabe que en el momento en el que la Presidente quiebra la voz para recordarlo a Él corresponde un aplauso fervoroso, de máxima potencia, mantener el rostro compungido y los labios apretados hacia dentro.

También Isabel Perón disponía de aplaudidores grotescos que celebraban con frenesí sus oraciones sueltas de almibarada puerilidad. Con CFK, sin embargo, esta fauna adquirió escala industrial como mecanismo disciplinador. Representa la obediencia ciega e indigna que funciona, paradójicamente, en una democracia. Y que daría vergüenza en otra parte.

Como expresión recurrente de la política argentina, Mendelevich dedica unos sabrosos párrafos a la frase: "No sabía nada". Merece una exacta reproducción que ofrezco de inmediato.
Eduardo Duhalde no sabía cómo era Néstor Kirchner, a quien llevó a la presidencia; dice que si hubiera sabido no lo recomendaba.
Gustavo Béliz, primer echado del Gobierno, no sabía que Néstor Kirchner era un maltratador y que no le interesaba reformar el fuero federal, pero así lo denunció cuando dejó de ser ministro de Justicia.
Alberto Fernández no sabía que CFK, a quien él promocionó para la presidencia como un cuadro político extraordinario, haría -según él- lo contrario de todo lo bueno que hizo NK.
Eugenio Zaffaroni no sabía que en sus departamentos funcionaban puticlubs...
La lista es interminable, pero por lo menos tiene una abanderada, Hebe de Bonafini: ella no sabía nada de lo que hacían los Schoklender, no sabía nada de la mafia de los medicamentos y tampoco sabía nada del trabajo pastoral de Jorge Bergoglio. Ser incauta puede alcanzar extremos como el de darles el manejo de los negocios de la Fundación Madres de Plaza de Mayo a dos muchachos con muy buenos antecedentes (así como el Gobierno dio el manejo de fondos millonarios a unas ancianas sin experiencia inmobiliaria ni financiera), o el tomar la Catedral y usar el altar de baño, según la propia Bonafini contó. Y sin saber que su titular, el Cardenal Jorge Bergoglio, apoyaba a los curas villeros, cosa que en el mundo binario y elemental de Bonafini alcanza para ponerlo súbitamente del lado de los buenos.

En esta década burda, una burda creatividad ha impuesto expresiones como vamos por todo, destituyente, concertación plural, borocotización, rulos, "fondos buitre", It's too much, la corpo, transversalidad, candidaturas testimoniales, avanti morocha, bloguero K, medios hegemónicos, Nac & Pop, narcosocialismo, orgullito, todos y todas.
Pero tiene una fuerza peculiar la expresión Nunca menos. Mendelevich la califica de eslogan que profana la frase Nunca más. El concepto completo es "nunca menos, ni un paso atrás". En la segunda parte, vibra la conocida exclamación revolucionaria. Pero el problema es que en la Argentina, se supone, no hay una revolución, sino una democracia.
El kirchnerismo -sigue el autor- entiende este eslogan, inspirador de un candombe que hizo cumbre en Fútbol para todos, dentro de su anhelo de perpetuación. Un dirigente de La Cámpora explicó: "Lo logrado en estos ocho años es un piso, no un techo, y no podemos perder a manos de los enemigos del proyecto". Como el kirchnerismo incluye en la categoría enemigos del proyecto a los disidentes, el enunciado nunca menos rechaza la hipótesis de un cambio de los humores del electorado y siembra dudas sobre la aceptación de una futura alternancia.

Néstor Kirchner ya ofreció una muestra de la interpretación práctica del nunca menos en 2009, cuando perdió las elecciones del 28 de junio. El Gobierno negó haber sufrido la derrota y utilizó el Congreso saliente, antes del recambio del 10 de diciembre, para aprobar de apuro una serie de leyes importantes, como la ley de medios. Esa estrategia sugirió que ni aun la voluntad popular, que le había quitado al oficialismo el control de Diputados y había creado una virtual paridad de fuerzas en el Senado, inhibe la tendencia kirchnerista a imponer su estilo y sus ideas.

Entre lágrimas, risas y perplejidad, el repaso de esas 200 expresiones equivale a la puesta en escena de uno de los períodos más patéticos de nuestra historia.

 







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(cOsAsDiveRTIdAs:233332) El mito de los 30.000 desaparecidos (politica)

 

El mito de los 30.000 desaparecidos
http://www.laprensapopular.com.ar/11710/el-mito-de-los-30mil-desaparecidos

por Agustín Laje

 

En virtud del muy recomendable último libro de Ceferino Reato ¡Viva la sangre! y, particularmente, de su última columna en La Nación titulada "Hablan de 30.000 desaparecidos y saben que es falso", podemos advertir la decadencia de un relato setentista que está muriendo de la mano de su moribundo progenitor: el kirchnerismo.

En efecto, los datos que expone Reato son muy ciertos, pero no por eso nuevos. En mi libro Los mitos setentistas (2011) ya había efectuado yo un análisis exhaustivo de la última versión del libro Nunca Más y sus respectivos anexos, mientras que en el libro La otra parte de la verdad (2004) y La mentira oficial (2006) de Nicolás Márquez ya se había desmenuzado la primera versión del trabajo publicado por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP). Pero en esos años, hablar de la mentira de los 30.000 desaparecidos era incinerarse por completo. La herejía se pagaba caro. Y contradecir los postulados del dogma setentista era un verdadero acto de herejía política que muy pocos estábamos dispuestos a cometer.

Eso hoy parece haber cambiado o, al menos, estar cambiando. De ahí la importancia de que un periodista con tanta llegada masiva como Ceferino Reato publicite esta verdad, por polémica que resulte. Y en virtud de esta nueva discusión que suscita el tema de marras, es que me gustaría repasar algunos datos relevantes de la investigación que publiqué hace dos años, que según creo agrega datos y argumentos importantes a la definitiva destrucción de un banderín político que ha hecho del dolor legítimo un frívolo slogan estadístico de uso político, ideológico y económico.

Los primeros datos oficiales que produjo el Estado argentino fueron los resultados de la ya mencionada CONADEP, creada por el Presidente Raúl Alfonsín el 15 de diciembre de 1983 a través del decreto 187/83, con el objeto de revisar el accionar de las Fuerzas Armadas en la guerra de los '70, recolectando denuncias de casos de desapariciones acaecidas durante el gobierno cívico-militar. Un feroz choque interno en la Asociación Madres de Plaza de Mayo provocó la posición que adoptó al respecto su afamada dirigente, Hebe de Bonafini, quien se opuso al trabajo de la CONADEP y pretendió imponer al resto de las madres que integraban la organización que no prestaran su testimonio a la comisión alfonsinista. Para muchas de ellas fue el colmo del autoritarismo y pocos meses después se escindirían en la llamada "Línea Fundadora" de las Madres. Pero Hebe quedaría sumamente resentida con el equipo que lideraba Ernesto Sábato, puesto que ella en algún momento pretendió que el gobierno de Alfonsín nombrara a las Madres como las encargadas de llevar adelante la investigación.

En este contexto nace precisamente el slogan de los 30.000 desaparecidos, una invención sin respaldo documental de ningún tipo, que la propia Hebe supo instalar en la opinión pública a los efectos de contrariar los resultados de la denostada CONADEP y de practicar su deporte favorito: hacerse notar frente a la prensa. Sergio Schoklender, su ex hijo adoptivo, ha confirmado lo antedicho en su último libro Sueños Postergados: "Hebe era la gran mentirosa de unas mentiras necesarias. (...) Cuando la CONADEP dijo que había verificado nueve mil desapariciones (...) Hebe salió a decir que eran treinta mil y a repetirlo una y otra vez hasta que, de tanto decirlo, así quedó. Un solo desaparecido es una tragedia, pero nunca fueron treinta mil, eso fue un invento de ella".

En rigor de verdad, la CONADEP contabilizó 8.961 desaparecidos que, tal como quedaría claro al poco tiempo, resultaban verdaderamente dudosos. Y tanto fue así, que las autoridades de la editorial Eudeba de inmediato quitaron de circulación el anexo –de casi 500 páginas- que incluía el listado, caso por caso.
Pero una primera revisión de aquel primer anexo, nos mostraría en primer término que de los 8.961 desaparecidos contabilizados, solamente 4.905 llevan datos personales, como por ejemplo números de documentos de identidad, siendo casi la mitad sobrenombres, apodos e indocumentados.
Una segunda revisión, más puntillosa, nos llevaría a detectar nombres de personas públicas que actualmente están con vida y nadie podría dudar de ello, como la
Dra. Carmen Argibay (legajo 00299, actual miembro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación);
Dr. Esteban Justo Righi (legajo 04320, ex Procurador General de la Nación);
Dr. Alfredo Humberto Meade (legajo 03276, Juez de Garantías Nº 4 de Morón);
Juan Carlos Pellita (legajo 1900, intendente de General Lamadrid);
Alicia Raquel D'Ambra (legajo 01335, kirchnerista concurrente de los actos en la ex ESMA);
Jorge Osvaldo Paladino y Adriana Chamorro de Corro (legajos 8963 y 8770 respectivamente, funcionarios kirchneristas de la ex ESMA);
Alicia Palmero (legajo 27992, columnista de la revista Tantas Voces, Tantas Vidas);
Ana María Testa (figura dos veces en el anexo, con los legajos 9234 y 6561, pero fue testigo en la causa contra el oficial de la Marina Ricardo Cavallo y, además, fue entrevistada por la periodista Viviana Gorbato en su libro Montoneros. Soldados de Menem. ¿Soldados de Duhalde?;
Rafael Daniel Najmanovich (legajo 3565, se conoció su paradero cuando resultó víctima en Israel de un atentado terrorista palestino el 22/2/04),
entre otros muchos casos que incluyen a 136 personas que aparecieron en 1985 como víctimas del terremoto que sacudió en ese año el D.F. de México.

Andando los años, y ya durante la gestión kirchnerista, el listado fue "revisado" y "depurado" por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, manejada a la sazón por Eduardo Luís Duhalde y Rodolfo Mattarollo, ambos vinculados no sólo a las organizaciones guerrilleras de los '70, sino también al Movimiento Todos por la Patria que lideró Enrique Gorriarán Merlo y que atentó contra La Tablada en 1989.

El nuevo anexo que se lanzó al mercado contabiliza un total de 7.158 desaparecidos (los correspondientes al Proceso, en rigor, según el listado, son 6.447). Empero, numerosas irregularidades continúan abultando los guarismos. A modo de ejemplo, hay 873 casos en los que tan sólo figura un nombre, sin indicar siquiera el correspondiente número de documento de identidad. ¿Sería lógico pensar que luego de un cuarto de siglo, a pesar de la permanente propaganda y los beneficios económicos que se han otorgado a los familiares, ningún pariente de aquellas 873 personas se habría tomado la molestia de acercarse a tramitar una denuncia?

Pero las irregularidades son todavía más numerosas y escandalosas.
El nuevo listado de desaparecidos es abultado por nombres de ex guerrilleros asesinados por sus propios compañeros, tal el caso del terrorista montonero Fernando Haymal, asesinado en Córdoba por su propia organización luego de realizársele un "juicio revolucionario". El caso fue admitido por los propios guerrilleros en su revista Evita Montonera (Nº 8, p. 21), cubierto por periodistas del diario La Voz del Interior (3/9/1975) y mencionado por la Cámara Nacional de Apelaciones que juzgó a las Juntas Militares en la Causa 13. ¿La Secretaría de Derechos Humanos acaso no lo sabía? ¿O faltó a la verdad al único efecto de agigantar los guarismos? Como quiera que sea, este caso tiene un agravante más: Haymal figura también entre los listados del REDEFA (Registro de Fallecidos de la ley 24.411), con lo cual todo indica que su familia percibió la abultada indemnización estatal prevista por esa normativa para “toda persona que hubiese fallecido como consecuencia del accionar de las fuerzas armadas, [o] de seguridad [...] con anterioridad al 10 de diciembre de 1983”. El problema es que Haymal no fue abatido por las fuerzas legales, sino ejecutado a sangre fría por sus propios compañeros.

Por otro lado, existen también casos de terroristas que probadamente se suicidaron con la reglamentaria pastilla de cianuro al encontrarse cercados por las fuerzas legales, y sin embargo tienen también su lugar en el listado de supuestos abatidos por las Fuerzas Armadas. Así pues, el guerrillero Francisco "Paco" Urondo, Carlos Andrés Goldenberg y Alberto Molinas Benuzzi inexplicablemente engrosan las cifras del nuevo informe.

Finalmente, otra irregularidad en la que incurre el listado "depurado" consiste en agigantar los dígitos contabilizando a terroristas que fueron abatidos en el marco de enfrentamientos con las fuerzas del orden. A modo de ejemplo, de los 16 terroristas caídos en el ataque al Regimiento de Monte 29 de Infantería, el 5 de octubre de 1975 en Formosa, cinco de ellos inaceptablemente figuran en el nuevo Nunca Más, cuando en rigor de verdad, fueron de inmediato identificados por la Policía Federal.
Caso similar constituye el de los guerrilleros muertos en el ataque al cuartel de Monte Chingolo, también en 1975: de los sesenta abatidos, cinco abultan los números del nuevo informe.
Por su parte, el terrorista erpiano Hugo Irurzun, muerto no en nuestro país ni por nuestras Fuerzas Armadas, sino que en Paraguay y por la policía paraguaya, también plasma su nombre en el oprobioso listado.
Los casos de guerrilleros caídos en enfrentamientos armados que ensanchan los falaces guarismos resultan incontables, y podríamos seguir nombrando por ejemplo a Arturo Lewinger, Juan Martín Jáuregui, entre otros muchos. Pero no pretendemos abrumar al lector detallando la casuística, sino simplemente ilustrar la verdadera estafa que se ha hecho del delicado tema de los desaparecidos.

Aclaremos que no sólo la CONADEP y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación han ejecutado investigaciones cuantitativas, sino que otras entidades (curiosamente casi todas de izquierda) también efectuaron sus propios listados, aunque todos con un denominador común: ninguno se acerca siquiera al 30% de los promocionados 30.000.
En rigor, ya en los años '80 la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos tenía datos sobre 6.000 personas desaparecidas.
Según Amnistía Internacional, la cantidad no superaba los 4.000, mientras que la OEA hablaba de 5.000.
Por esa fecha la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en su visita al país, recogió denuncias por 5.580 casos.
Tiempo más tarde, la organización europea Fahrenheit lanzó su informe que contabilizaba 6.936 desaparecidos en gobierno cívico-militar.
A estos datos deberíamos adicionar los revelados recientemente por la ex miembro de la CONADEP Graciela Fernández Meijide, quien afirmó que había 7.954 desaparecidos y se preguntaba: "¿Con qué derecho [se habla de 30.000 desaparecidos] cuando había un conteo de 9.000? ¿Porque es un símbolo? Están los mitos, pero quien hace historia tiene responsabilidad política. Debe decir la verdad".
Por su parte, en el denominado "Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado" inaugurado por el kirchnerismo el 7 de noviembre de 2007 en la costanera porteña, se exhiben menos de 9.000 placas grabadas con el nombre de desaparecidos, pero otra vez los guarismos son abultados con los nombres de guerrilleros muertos en combate (como Fernando Abal Medina y Carlos Ramus, o también ocho de los guerrilleros que participaron del ataque al Regimiento de Monte 29 en Formosa, entre otros muchos) e incluso asesinados por sus propios compañeros (como el citado Fernando Haymal). Cabe señalar que el monumento en cuestión consta de 30.000 placas, aunque más de 21.000 se encuentran en blanco (¿?), lo que ya no constituye un bochornoso ridículo, sino más bien, una descarada tomada de pelo.

Una fuente no menor para continuar probando la falsedad del mito de los 30.000 la constituye el REDEFA (Registro de Fallecidos de la ley 24.411). En efecto, allí se maneja el listado de desaparecidos y abatidos por las fuerzas legales en el marco de la guerra contra el terrorismo, cuyos familiares accedieron a la indemnización que, según datos de marzo de 2010, llegaba a $620.919. Desde diciembre de 1994 (cuando fue promulgada la ley) hasta abril de 2010, según los datos que surgen de este registro, el beneficio de marras fue otorgado a los herederos de 7.500 desaparecidos y guerrilleros muertos en combate. Con tanto dinero de por medio para los familiares de los guerrilleros, sería disparatado pensar que luego de diecinueve años de promovida la indemnización, restaran todavía 22.500 casos por denunciar. Empero, la cifra de 7.500 tampoco sería del todo acertada, ya que engloba tanto a desaparecidos como a muertos en combate, que claramente no son lo mismo.

Pues bien, no demos más importancia a lo que ya es sabido y digámoslo de una buena vez y para siempre: los "30.000" son una descarada e interesada ficción impuesta en base a la reiteración sistemática, y no en la demostración documental. Esto no implica convalidar una metodología aberrante e indefendible que, dicho sea de paso, se diseñó y se implementó no a partir del 24 de marzo de 1976, sino mucho antes, durante el gobierno constitucional peronista anterior. Pero si "30.000 o uno solo es lo mismo", como suelen alegar los autodenominados "defensores de los derechos humanos" cuando esta realidad se les enrostra, deberíamos responderles: si es lo mismo, ¿entonces por qué no prueban diciendo la verdad?

 







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(cOsAsDiveRTIdAs:233331) En los brazos de mamá Angie (politica)

 

En los brazos de mamá Angie
http://noticias.perfil.com/2013-09-27-38577-en-los-brazos-de-mama-angie/
por James Neilson
Periodista y analista político, ex director de "The Buenos Aires Herald".

En Alemania la mayoría quiere tanto a Merkel que la llama "Mutti", o sea, "mamá".

Mientras que en países como Grecia, España, Italia y Portugal, muchos ven en Angela Merkel una mujer cruel y calculadora que, según ellos, está más interesada en los malditos números que en la gente, en Alemania la mayoría quiere tanto a su "Angie" que la llama "Mutti", o sea, "mamá".

De haberse celebrado elecciones presidenciales el domingo pasado, mamá Angie pudiera haber triunfado por un margen aún más impresionante que el anotado aquí por Cristina hace apenas dos años, ya que, según las encuestas, el 70 por ciento aprueba su gestión pero, desgraciadamente para "la mujer más poderosa del mundo", sólo se trataba de legislativas, de suerte que el Partido Demócrata Cristiano que domina tuvo que conformarse con poco más del 41 por ciento de los votos.

Por lo demás, merced en buena medida a la popularidad de Merkel, se hundió el Partido Demócrata Liberal de sus socios en el gobierno, obligándola a negociar con los socialistas o, tal vez, verdes, a fin de formar una coalición, una necesidad que podría darle dolores de cabeza en las semanas próximas.

La aversión que sienten por Merkel en la atribulada franja mediterránea de la Unión Europea se debe a su negativa firme a subsidiar, con el dinero aportado por los contribuyentes alemanes, un orden sociopolítico y económico que en su opinión, y la de la mayoría de sus compatriotas, ha dejado de ser viable en el mundo globalizado y cada vez más competitivo que nos ha tocado. Desde el punto de vista de quienes le están reclamando más "flexibilidad", más respeto por las entrañables costumbres locales, más compasión por los pobres y, huelga decirlo, más plata, mamá Merkel desempeña un papel que es muy parecido a aquel del FMI en la demonología populista argentina. Figura como la culpable máxima de todos los males de países cuyas elites se aferran con tenacidad al statu quo al que se han habituado.

En cuanto a la "solución" progre que consistiría en abrir las puertas de par en par para que ingrese una multitud de refugiados procedentes del Oriente Medio y África, muchos de nivel educativo muy inferior al considerado necesario para abrirse camino en un país desarrollado, provocaría tantos problemas sociales y culturales que a juicio de la mayoría de los alemanes sería peor que inútil.

Así las cosas, puede tomarse la voluntad de tantos alemanes de descansar en los brazos de Mutti por un síntoma preocupante. No es el único. Orgullosos de que su país tenga fama de ser una "locomotora" económica, productora de bienes manufacturados de calidad inigualable, los políticos alemanes, acompañados por el grueso de sus compatriotas, se resisten a asumir responsabilidades en el exterior. Por razones comprensibles, luego de la derrota apocalíptica que sufrieron sus ejércitos en la Segunda Guerra Mundial que ellos mismos habían provocado, los alemanes han sido reacios a contribuir más de lo mínimo a la defensa europea y occidental, un privilegio que dejaron en manos de los norteamericanos y, en menor medida, británicos y franceses.

Durante décadas Alemania ha sido, en efecto, un protectorado cuya seguridad depende de Estados Unidos, lo que le ha permitido tener un presupuesto militar reducido y por lo tanto disfrutar de ventajas económicas. Como muchos han señalado, una consecuencia paradójica de los horrores de la primera mitad del siglo pasado fue la transformación de dos países al parecer congénitamente militaristas, Alemania y el Japón, en sociedades pacifistas de mentalidad comercial, y el surgimiento de un Estado judío, Israel, que pronto se vería mundialmente renombrado por sus proezas bélicas.

Con todo, si bien es legítimo creer que, en vista de la alternativa hipotética que, a pesar de todo lo sucedido a partir de 1945, sigue asustando a los demás europeos, sería mucho mejor que Alemania continuara siendo lo que es, habrá un vinculo entre la resistencia de sus dirigentes a pensar en asumir más responsabilidades internacionales por un lado y, por el otro, la decadencia demográfica que, tal y como están las cosas, podría culminar relativamente pronto en la virtual extinción de un pueblo que, hacia fines del siglo XIX, pareció destinado a dominar no sólo Europa sino el mundo entero merced no tanto a su poderío militar cuanto a su dinamismo económico y sus extraordinarios logros culturales.

Los éxitos macroeconómicos recientes de Alemania que han motivado la admiración, y la envidia a veces rencorosa, de los miembros del "Club Mediterráneo", se han debido casi por completo a la pujanza de sus empresas exportadoras. De reducirse el poder de compra de sus clientes tanto en Europa como en otras partes del mundo, sufriría enseguida el impacto, como sucedió un lustro atrás al estallar la gran crisis financiera que puso fin a un período prolongado signado por una bonanza consumista, financiada por deudas que resultarían insostenibles, en todos los países ricos.

Para Alemania, una eventual recaída en recesión de sus socios comerciales sería desastrosa, sobre todo si la privara por un rato de sus mercados en el sur de Europa, Estados Unidos, China y el Oriente Medio. He aquí una razón por la que los gurús insisten en que le convendría que sus propios ciudadanos gastaran mucho más, pero sucede que en sociedades envejecidas, como la alemana y la japonesa, la mayoría suele ser ahorrativa, propensión que a la larga puede resultar contraproducente.

De todos modos, al igual que en otros países opulentos, en Alemania está ensanchándose la brecha que separa a quienes perciben ingresos más que adecuados de los muchos que apenas llegan a fin de mes. Parecen condenados a ser los "pobres estructurales" del mundo avanzado porque sus perspectivas son sombrías. Conforme a las estadísticas disponibles, hay más de 15 millones de personas en Alemania que viven de trabajos precarios o que, aun cuando sean estables, pagan poco. Lo mismo que sus homólogos en otros países desarrollados, Merkel supone que "la solución" consistiría en brindar a los excluidos de la parte próspera de la sociedad oportunidades para aprender nuevos oficios, pero hasta ahora los resultados de los esfuerzos en tal sentido han sido decepcionantes.

Es lógico: además de eliminar muchísimos empleos tradicionales, el progreso tecnológico vertiginoso hace que los nuevos sean aptos sólo para especialistas bien calificados. Así, pues, el gobierno alemán está procurando tentar a técnicos informáticos de la India y otros países asiáticos, además de los del sur de Europa, a probar suerte en Berlín o Munich, porque las empresas no pueden encontrar a los que necesitan entre los millones de desocupados o subocupados nativos.

Angie se ha comprometido a prestar más atención al drama de los muchos que se han visto descolocados tanto en el sur de Europa como en Alemania misma por los cambios de las décadas últimas, pero a juzgar por la experiencia ajena, sería poco probable que lograra hacer mucho. Sea como fuere, el triunfo electoral, estadísticamente modesto pero de acuerdo común arrollador, de Merkel, ha sido interpretado por muchos como si mostrara que su estilo nada glamoroso, el de un ama de casa un tanto severa que sabe inspirar confianza, merece ser imitado por los políticos más ambiciosos de otras latitudes.

Sin embargo, lo que funciona muy bien en una sociedad que no se preocupa por el futuro de las generaciones por venir, si es que vienen, no necesariamente sería apropiado para países un tanto más exigentes y menos satisfechos de sí mismos que la rica, pero muy vulnerable, Alemania actual.

 







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